La honra, celebración y defensa de un
hecho puramente teológico y dogmático como es la Inmaculada Concepción de la Virgen María fue
fortaleciendo el corpus antropológico, religioso, patrimonial y cultural de
muchos lugares de España a lo largo de la Historia. La gran mayoría de
estos elementos festivos se fueron conservando en el tiempo hasta completar el
hecho tradicional y cultural de muchas localidades españolas. Zalamea la Real es una de ellas, ya que
contempla en su calendario festivo anual una de las tradiciones más arraigadas
de su historia: “El Día de las Candelas”, celebrado en la octava del novenario
a la “Purísima Concepción”.
La definición del dogma de la Inmaculada Concepción
se consolidó el día 8 de diciembre de 1854 a través de la Bula Ineffabilis Deus, emitida por el entonces Papa Pío IX: “…Definimos, afirmamos y pronunciamos que
la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de
toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción…” (la
fecha de la celebración van en correlación con la festividad del nacimiento de la Virgen , 9 meses después, el
día 8 de septiembre y cuya festividad parece ser anterior a la de la Inmaculada ). Así la Iglesia Universal
preservaba la idea de que María, madre de Jesús de Nazaret, no había sido
manchada por el Pecado Original al que están expuestos el resto de humanos tras
la desventura de Adán y Eva por su desdichado affaire
en el Paraíso.
A pesar de que la devoción a María
sin mácula había calado desde hacía siglos en la mayor parte del mundo católico
popular, la Iglesia
no había dado el paso definitivo para considerar el hecho como algo
teológicamente admitido. De hecho, el propio Santo Tomás de Aquino había sido
uno de los grandes detractores de la pasión inmaculista, hasta tal punto que
sus teorías habían demorado, en gran medida, el acuerdo definitivo para ser
aceptada como teológicamente veraz. La premisa tomista indicaba que la
Virgen no pudo ser concebida Inmaculada, porque entonces no
habría sido redimida por Jesucristo en su muerte de cruz. El culto, muy popular
ya en el siglo XII, no encontraba una solución teológica final en el XIII.
Incluso la Sede Apostólica
Romana no apoyaba dicha festividad, por considerarla como un asunto meramente
popular. Frente al cauteloso posicionamiento de Santo Tomás, encontramos,
también en el siglo XIII, a Duns Escoto, que no dudó en argumentar con firmeza
la veracidad de la inmaculada concepción de la Virgen. De esta manera, los
teólogos decimonónicos que afianzaron las bases del dogma asumieron las
premisas del pensador escocés, indicando
a este respecto que Dios había preservado a María de toda mancha en atención a
que iba a ser madre de Jesús. La infalibilidad papal de Pío Nono consolidó el
dogma.
Pero la
defensa, acérrima en muchas ocasiones, de este hecho parte mucho más atrás en
el tiempo. Ya San Fulgencio o San Ildefonso, en los siglos VI y VII habían
declarado su convencimiento sobre el nacimiento inmaculado de María. Incluso en
el IV Concilio de Toledo (633) se ensalzó la reforma del Breviario realizada
por San Isidoro de Sevilla, donde se hablaba del Oficio de la Inmaculada Concepción
de María, al que llamaba preservada de la culpa original. En el XI Concilio de Toledo, el rey Wamba
también defenderá la Purísima Concepción
de María. Desde el siglo XIV, la gran mayoría de las cofradías religiosas
españolas adoptarán entre sus postulados la defensa del nacimiento inmaculado
de la Virgen. Monarcas
españoles de gran trascendencia histórica como Fernando III el Santo, Carlos V
o Felipe II fueron acérrimos defensores de la Purísima , llevando sus insignias
a los campos de batalla, o declarando, como hizo éste último, la obligación de
las Universidades españolas ( y a otras instituciones) de hacer voto de
defender el misterio. Incluso en 1644, al margen de la declaración definitiva
de Roma algunos años más tarde, la conmemoración sería declarada “fiesta de
guardar” en España, adoptándose a la Inmaculada oficiosamente como patrona del país.
Así nacía, oficialmente,
la festividad de la Inmaculada Concepción
en Zalamea la Real. Y
tomamos esta fecha, teniendo en cuenta que no tenemos documentación anterior a
este hecho que nos muestre otra cosa, como génesis de dicha solemnidad en la
localidad y como origen del “Día de las Candelas”.

Actualmente esta histórica tradición
zalameña de la Edad Moderna
goza de buena salud, consolidándose como costumbre desde hace algunos años, el
terminar la noche asando carnes y chacinas en el borrajo de la candela ya
liquidada.
José Manuel Vázquez Lazo
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